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lunes, 4 de agosto de 2014

Grandes casas - Palacio Ocampo


Grandes casas - Palacio Ocampo 
por Enrique Espina Rawson Fotos Iuri Izrastoff para Izrastzoff 


En la placa de bronce colocada por cuenta y orden de la Cámara de Diputados se lee: “Aquí vivieron los escritores Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo. Su libros, su lenguaje y su imaginación honraron a nuestro país y a la literatura universal”-

También en el frente del edificio de Posadas 1650, pero grabado en la piedra puede verse: Alejandro Bustillo - Arquitecto 1932.
 
Vale decir que se indica el nombre del arquitecto y la fecha de finalización. Sin embargo, nada es seguro en este mundo. Una página de Google nos desinforma que el proyecto, encargado por la señora Ramona Aguirre de Ocampo (madre de Victoria y Silvina) data de 1920, fue diseñado en 1931-32 (¿Once años para un diseño…?) e inaugurado en 1935…
Poco importa ya, pero preferimos creer que si don Alejandro Bustillo fechó esta obra en el año 1932, y así lo hizo constar debajo de su nombre, es porque así exactamente fue. Y a otra cosa…
Doña Ramona Aguirre de Ocampo hizo construir este edificio de rentas de excepcional calidad, para sus cinco hijas: Angélica, Victoria, Francisca, Rosa y Silvina. No era, ciertamente, una obra cualquiera, si consideramos que cada departamento tiene 706 m2. El terreno de grandes dimensiones está ubicado en una zona de privilegio al que debe añadirse la circunstancia -más que afortunada- que todo su lateral Norte está abierto a la plaza San Martín de Tours, lo cual permite desde sus ventanas, incluso las de los primeros pisos, abarcar con la vista toda la costa y el Río de la Plata.
En realidad, por afán de precisión, las paredes de este costado no dan exactamente sobre la plaza, sino sobre la calle que, razonablemente, es la calle Adolfo Bioy Casares (ex-Eduardo Schiafino).
Nada en esta obra sobresale. No hay adornos, molduras ni efigies; nada altera la blanca lisura de sus muros. Colegimos que, como este edificio es posterior a la casa de Victoria en Palermo Chico, don Alejandro debe haber tomado nota de esa experiencia, -y sin alharacas- aplicó en este caso preceptos del modernismo, como la austera y neutra composición de la fachada.
Y para quien lo dude, puede verse en la vereda de enfrente otra de sus obras, sin fecha, pero sin duda anterior, que por sus clásicas ornamentaciones contrasta con la elegante sencillez de esta. Se ubica en Posadas 1641 y hoy es la sede la Procuración General del Tesoro.
El Palacio Ocampo consta de cinco pisos y planta baja, rematados en la mansarda de pizarra, tan característica de esos años. La puerta de entrada, de simples rejas verticales que semejan lanzas, da a un imponente y encolumnado hall de recepción, también de una severidad llamativa. Las mismas rojas cuidan la entrada de las cocheras (1658) y la de la puerta de servicio (1648).
El matrimonio Bioy-Ocampo se instaló allí en los años cincuenta, y su departamento se convirtió en la segunda casa de Borges. Es fama que comía allí casi todas las noches su invariable arroz con manteca, allí fraguaban proyectos literarios entre los tres y, como bien decía Bioy, se dedicaban a cuerear a todo el mundo.
Especialmente a todo el mundo literario que pasó por esa casa, dando lugar a divertidas anécdotas, muchas de ellas relatadas por Adolfito (así lo llamaban sus amigos) en sus memorias y confidencias.
Pero la chispa principal estaba en Georgie y Adolfito. Se pasaban diciendo genialidades que parecían tonterías, o al revés. Victoria, la hermana y referente, se enardecía a veces: “¡Déjense de decir pavadas!”. De esas pavadas surgieron cosas memorables, como los cuentos de Bustos Domecq, personaje ficticio que representaba la colaboración literaria de ambos.
Con el paso de los años este ambiente languideció, se fue esfumando, como todo en la vida. Un día Borges, que había disminuido sensiblemente el ritmo de sus visitas, antes cotidianas, habló para anunciar su viaje, que sabía definitivo, a Ginebra. Bioy, tremendamente angustiado por la noticia, trató de disuadirlo. Georgie se despidió abruptamente, y nunca más se vieron.
Al poco tiempo, su muerte en Ginebra.
Un largo período de declinación física fue minando lenta, pero inexorablemente la vida de los Bioy. A la muerte en un accidente de Martha, la única hija de Adolfo, en 1992, le siguió en poco tiempo la de la misma Silvina. Salía a ratos de un estado de postración mental y física, para hacer observaciones del estilo que Bioy relata descarnadamente en “Descanso de caminantes”: -8 de abril de 1989: Silvina entra en mi cuarto y me dice: “No sé que hacer. No tengo nada que hacer. ¿Comprendés? Absolutamente nada”.-
Adolfito murió en 1999.

lunes, 10 de marzo de 2014

Grandes casas ~ Juncal 2375


Grandes casas ~ Juncal 2375
por Enrique Espina Rawson / Fotos: Iuri Izrastzoff para Fervor x Buenos Aires
Es uno de los más representativos edificios victorianos de Buenos Aires. Sabemos que este estilo surge en la Inglaterra de la reina Victoria, a mediados del siglo XIX, y tuvo influencia no solamente en la arquitectura sino también en la moda, la literatura, las artes decorativas, y hasta en el ethos de la época. Si bien no hemos podido acceder al nombre de los profesionales responsables de esta obra, podemos calcular su antigüedad entre, digamos, el 900 y el 1920, seguramente más cerca de la primera fecha que de la segunda.
Por esos años, y quizás por influencia del diseño de las clásicas estaciones de tren, se revalorizó localmente este estilo, adaptándolo a casas de renta, como en este caso, y a muchos chalets que, afortunadamente, subsisten principalmente en la línea Norte, desde Belgrano hasta San Isidro, que remedaron con éxito y calidad la arquitectura rural de las campiñas inglesas.
Involuntariamente, al menos en el imaginario popular, estas mansiones se asocian automáticamente a la literatura gótica, plagada de sombrías y enormes residencias, monasterios abandonados, bandadas de murciélagos y/o vampiros, y espeluznantes apariciones que hacían las delicias (y los espantos) de los sensibles lectores de antaño.
Este edificio que nos ocupa, netamente una recreación victoriana del Tudor, no obstante su severo exterior, sus ojivas evocadoras de claustros y conventos, y sus oscuros ventanales, no nos lleva a pensar en fantasmas ni apariciones. Por el contrario, a través de su puerta principal puede observarse un grande y luminoso espacio, casi un jardín, que da acceso a los distintos departamentos de planta baja y primer piso que lo componen, y que alegra el ánimo de solo verlo. Esta amable disposición, que tienen muy pocos edificios de Buenos Aires, permite a sus ocupantes imaginarse en una casa, ya que las ventanas dan a ese espacio común  ornado de plantas y flores.
También hay dos entradas particulares, que dan a dos, esta vez sí, casi auténticas casas (sobre el 2371 y 2375 de Juncal) ya que no comparten espacios con sus vecinos.
El frente de este edificio se encuentra algo deteriorado, advirtiéndose manchas de humedad, y algunas imperfecciones en los revoques, pero son cosas de poca monta, debiendo valorizarse, en cambio, la integridad de todos los elementos de decoración de la fachada, y, principalmente, la calidad y estilo de las aberturas de madera.
Una vez dentro la casa, los palieres dan acceso a cuatro unidades, dos en la planta baja, y los otros dos al primer piso, teniendo una gran superficie vidriada común a los dos niveles, lo que proporciona una gran luminosidad a estos ambientes, de generosas proporciones.
Los departamentos en su mayoría han sido reciclados, y se les ha ganado mucha superficie, con la inserción de entrepisos, posibles gracias a la altura original de estas plantas.
Creo que uno de los atractivos de este “complejo”, tan original y sensato para esos años, es, para quien transpone el umbral, la sensación que no se accede a una casa, sino a otro mundo y, sobretodo, a otra época. Si alguien que hubiera vivido allá en décadas lejanas, pudiera asomarse al interior, no vería cambio alguno, y quizás sólo se extrañaría por no conocer a sus vecinos.
Muy cerca de este edificio que hoy nos ocupa, se encuentra otro, de muchas mayores dimensiones, y seguramente, del mismo arquitecto, que presenta características similares. Hacemos esta aclaración para que no se despierten suspicacias de favoritismos ni se nos acuse de parcialidad ni de pactos espureos en estos tiempos de ánimos caldeados. Oportunamente, iremos por el. Prometido.